Friday, April 24, 2009

Yahua!!!

Lo primero que me viene a la mente luego de decidir el título de este escrito es que se preguntarán a que se refiere. Pues, es sencillo, una mala versión del yeee haaa!! que dicen los tejanos. Para el que lo entienda, se reirá, el que no pues siga leyendo que lo que sigue no será tan abstracto. Esto es una aventura en los yunaited estaits, específicamente, en Texas. Cabe mencionar que los hechos fueron en cuatro días.

Dejando esto dicho, comencemos. Por un instante apartémonos de los días de viaje. Un mes antes se decidió planificar este viaje bajo “stand by flight”, ya que por la economía tan buena como está nos convenía. Pero tanto planificar de nada sirvió porque se terminó haciendo las cosas días antes del vuelo, y no supimos hasta el día antes el número y horas de vuelo.

Llegó el gran día, el día del viaje, llegamos al aeropuerto temprano como dos responsables viajeros. Y llegó lo peor, esperar a ver si tenían espacios para nuestros asientos. Y tuvimos la primera incertidumbre, los boletos estaban a nombre de George Díaz en vez de Jorge Díaz, pero aun así continuamos nuestra misión, llegar a Dallas. Luego de la espera, pudimos coger este primer vuelo en dirección hacia Miami. Lo logramos, pero nos sentaron en el trasero del avión (jejeje). No importa, lo logramos.

Ya en Miami, nos dirigimos al “gate” donde nos tocaría irnos. Luego, compramos una picadera, pues cuando llegáramos a Dallas almorzaríamos. Pues en Miami, logramos coger el vuelo, luego de unos minutos de incertidumbre. Una vez cogimos este segundo vuelo, nuestra tranquilidad aumentó, ya estábamos a horas de cumplir nuestra meta. Una vez llegamos a Dallas, procedimos a buscar las maletas y llamar para que nos buscaran.

Ahí comenzó lo bueno, nos acabábamos de enterar que había que esperar a que el esposo de mi cuñada saliera de trabajar. Pues lo interesante fue que por falta de comunicación, él salio temprano y nadie nos lo dijo, ni tampoco le dijeron donde lo esperaríamos. Pero cuando ya habíamos esperado más de una hora, me dio con mirar hacia afuera y me percaté que una guagua llevaba dando vueltas un rato, y le pregunté a mi esposa si sabia qué carro tenía su cuñado, pero no sabia. Aún así, nos aventuramos a ver si era él, y en efecto, él era. Nos montamos y le explicamos, y el nos contó su versión y ahí entendimos que faltó comunicación en todo.

Una vez llegamos nos dispusimos a ver a los familiares, saludarlos, ponernos al día… y mi esposa en particular a hostigar a su nueva sobrina (jejeje). Que por cierto es una muñequita. En los próximos días, nos dispusimos a ver más tiendas que cualquier otra persona, en adición a pasar buenos momentos con la familia. Pero la comedia vuelve. Veamos el día antes de regresar a Puerto Rico.

La pregunta era, ¿cómo meter todo en las maletas? Esa pregunta rondó toda la noche. Casi se jugó Tetris con la ropa y demás cosas compradas. Mientras unos acomodaban cosas, otros pasábamos el último ratito juntos. Luego de empujar toda la “mercancía” en esas maletas y hablar las últimas conversaciones, nos acostamos.

Llegó el día triste del regreso. Se suponía que a las 5:15am estuviéramos en el aeropuerto, más o menos. Pero llegamos casi a las 5:45am, así que de milagro pasaron nuestras primeras maletas. Lo que creó un poco de histeria entre nosotros. Pero lo inevitable pasó, una de las maletas pesó más del límite. Luego, nos hicieron irnos corriendo casi.

Pues nos llevamos unas maletas de mano, las cuales a mi esposa le sacaron unas pastas de diente su madre. Aquel gringo pensaría que en Puerto Rico no las venden, pero bueno. Luego cuando me están pasando por el detector de metales, pega a sonar. Me quito un rosario, y vuelve a sonar. Me quito el reloj y…… suena otra vez. Le pregunto al que me está verificando, ¿si me quito el anillo de la mano?, y su respuesta fue “Men asístanse”. Pues viene un individuo me pregunta cuáles son mis cosas y se las lleva y me dice que lo siga. Me lleva a una esquina dentro del “check point” y me pasa el censor manual de metales alrededor de todo el cuerpo, saliendo todo negativo, y luego me dice que doble la parte interior del pantalón hacia fuera para el palparla a lo que tampoco encontró nada, (y me miró como que tipo sigue que no encuentro na) y al fin pude ponerme todo lo que me tuve que quitar, (todavía pensando que por poco me esnuan allí). Mientras me pasaba todo esto, a mi suegra le sacan algo de la cartera, un paquetito blanco bien envuelto. A lo que el gringo le pregunta “What is this?” y ella inocentemente contesta “salchichón” y lo que el gringo repite con acento de americano “¿salchichón?”. No sé si entendió o no, pero se lo devolvió.

Luego de todo ese revolú, corrimos al “gate”, y fuimos los antepenúltimos en entrar. Luego de sentarnos, le dicen a mi suegra que tiene que bajarse, y saben por qué, no fue por el salchichón!!! Fue porque habían dado asientos de más. Pues se bajan mis dos suegros y nosotros seguimos hacia Miami. El avión llegó a Miami 15 minutos antes de que saliera el avión de Miami a Puerto Rico. A lo que tuvimos que salir como unos locos por todo el aeropuerto ya que los “gates” eran distantes. Luego de correr más que “peco” y ser los últimos en entrar, logramos coger ese vuelo. Este fue uno tranquilo, aunque realmente es lo más cercano que me he sentido a estar en la guagua aérea. Asientos por todos lados, gente como en guagua pública (casi encima de tuyo). Luego de llegar a Puerto Rico, como mis suegros no cogieron el mismo vuelo, decidimos esperarlos para luego irnos todos juntos a nuestros hogares.

Ya terminada nuestra travesía, nos dispusimos a llevar a mi esposa a su trabajo, pues la prisa del viaje de regreso era llegar antes de su hora de entrada. ¿Y no saben que sucedió? Ese día no la habían puesto en el horario. Interesante por de más, un poco de más comunicación y no hubiéramos tenido que pasar por tanto estrés. Pero bueno, llegó el momento de descansar. Y lo pudimos hacer al fin y al cabo.

Jorge Díaz

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