Tuesday, February 26, 2008

Jorge Luis Díaz Lebrón

Muchos me conocen, muchos no saben nada de mí. Algunos ni idea tienen de que me alegra o que me entristece. Para muchos sólo soy un blanco alto y pen*@$%. Pero admítanlo, lo mejor que tengo es que soy sincero. He tenido muchas cosas en la vida y otro montón me han faltado. Pero soy alegre con lo que tengo, he vivido y he logrado.

Soy ingeniero y escritor “wanabee”, a veces me creo poeta y artista grafico. Pero de todo esto lo más que me gusta es exponer una nueva forma de ver las cosas al mundo. Una forma a mi entender sana. El ser ingeniero me trajo cosas positivas, pero también muchas negativas. Como por ejemplo vivir la aceptación sólo por tener una cierta profesión, que la gente me vea como mina de dinero, que crean que soy especial por estudiar algo “difícil”. Pero, ¿cómo ellos miden la dificultad? ¿Qué saben ellos de si me dio trabajo o no? No soy mejor persona por obtener una profesión. Y detesto que alardeen con el nombre de mi profesión. Mejor alardeen si soy buen amigo, si soy inteligente, si soy humilde. La profesión es un medio interesante de obtener dinero. Yo hago muchas cosas más productivas fuera de mi profesión.

Tuve un “blackberry”, he tenido computadoras, tengo un carro y una casa que no quiero. He tenido muchas cosas materiales a lo largo de mi vida que mis padres se esforzaron por darme, pero eso son bienestares pasajeros. Nada de eso provocó una alegría en mí que no pasara de ser momentánea. Más feliz me hace ver a mis sobrinos, ver a mi novia, que me visiten mis familiares o amigos. Qué demuestren que soy importante, que no se sienten a esperar que yo sólo sea el que llame, que yo sólo sea el que visite. Eso sí llena un corazón. Qué se preocupen por algún evento mío tanto profesional como extra profesional. Qué me incluyan en sus cosas o me tomen en cuenta.

Otra cosa, ¿se han preguntado sinceramente qué me hace feliz? A los que les interesa por supuesto, porque sin saber la respuesta a eso me dicen que ya no hago esto o aquello. ¿Acaso saben si esto o aquello me hacía feliz sinceramente? Antes de cuestionar por qué no hago algo, se han percatado cómo ha cambiado mi felicidad de antes a ahora. Muchas veces nos apresuramos a llegar a conclusiones sin saber si el presente de alguien es su punto más alto en felicidad a lo largo de su vida. Detengámonos a analizar fulano está más contento, está mejor, que bueno que ha tenido esos cambios. Voy a verlo para deleitarme con su felicidad. Ahora bien, si lo vemos más triste, ahí sí podemos decirle por qué no te diviertes con nosotros como antes lo hacías.

Quién conoce tanto de la vida mía, nadie, sólo Dios. Sólo él sabe verdaderamente cuánto he errado, cuándo he sufrido. Sólo él puede exigirme levántate que ya has sufrido demasiado. No me arrepiento de mis errores, pero aprendí de ellos, y trato de no repetirlos. Estoy en un gran momento de mi vida pues estoy muy feliz. Tengo algo que nunca tuve antes. Y me lo gozo a diario, es un productor de alegrías constante, que llena el vacío que hubo en el pasado en ese renglón. Por primera vez puedo ser yo por tanto tiempo consecutivo sin causar molestia. He aprendido a lo largo de la vida a amarme como soy y aceptarme. De esa manera facilito a todos los que me rodean poder poner su partecita en mi felicidad, pues si sé lo que quiero sabré pedirlo.

Este mundo está lleno de porquerías, de insatisfacciones, de amor por el dinero, prejuicio y predisposiciones. Se llegan a conclusiones impropias, y resultados erróneos. Hay que aprender a conocer a las personas antes de lanzar un comentario. Dejemos el amor por el dinero a un lado. Usémoslo para lo que es, facilitar bienes. Amémonos como somos y podrán amarnos. Dejemos de buscar en las superficies lo que se encuentra en las profundidades. Comencemos a valorar esos detallitos como demostrar importancia. Seamos fuertes con la mentira y seducidos por la verdad. Obviemos un poco las cuestiones mundanas, dejemos paso a lo correcto. No seamos perfectos ni lo intentemos ser. La belleza la encontramos en las imperfecciones y las cosas únicas. Dejemos los disfraces guardados, luzcamos la gran cara que hay en cada uno de nosotros, la cara sincera.

Yo soy Jorge Luis Díaz Lebrón, seré siempre blanco, seré siempre sincero. Conozcan un poquito de mí: sufro, cometo errores, me levanto, amo y soy feliz. Las adversidades no abaten mi felicidad, sino que fortalecen mi alma. Mi entorno lo muevo a mi favor, trato de ambientizarlo conmigo. Soy muy feliz y me encanta lo que hago. Mi vida ha tenido muchas bendiciones, como una en especial que me he gozado. Gracias a todos por ser parte de lo que es Jorge hoy día. “Busquen satisfacer el alma, no los ojos”.

Jorge Díaz

1 comment:

Tanya said...

Me encanto este escrito tuyo. Me alegra mucho saber que eres feliz y que estas logrando muchas cosas. Te deseo todo lo mejor.
Exito,
Tanya