Friday, September 21, 2007

Lujuria chic

Ayer fui al primer desfile de modas real que he ido en mi vida, y aunque no lo crean, la pasé muy bien. No soy persona de alabar la cultura chic de nuestro país ni de ninguno otro, pero soy admirador de lo bueno y lo bonito, sin alabanzas vi cosas muy buenas. Pero, como sabrán los que me conocen, hay que satirizar ciertos aspectos que vi, que me causaron mucha gracia o controversia en mi mente.

El lugar, un hotel que dicen que parece un crucero, la hora, pues ocho de la noche, (hora puertorriqueña). Pues, sabrán que empezó como hora y media después. Tanto que la alta realeza nos critica por eso, y son los primeros en empezar eventos con retraso, pero si cogen un tapón de cinco minutos porque estamos arreglando una carretera... este pueblo está decayendo. Pero bueno, seguimos. Luego, mientras esperábamos, miraba y observaba como se movía el ambiente. En una de las salas adyacentes se encontraba una convención, ya finalizada, de “realtors”. Sí, esos mismos que tratan de vendernos las casas a sobre precio para ellos ganárselo todo. Pues, quedaban algunos, y como ligones al fin miraban a las nenas que podían ser sus nietas con una mente maquiavélica seductora.

Luego de eso, pasé a observar los saluditos (los gritos en mute como yo los llamo), seguidos de un “ay nena, que bella”, o tal vez un “que lindo te queda el pelo”, “me encanta ese color”, “ay ese traje está bello, ¿donde lo compraste?”. Luego de los saludos protocolares, y las charlas de las clases, ropa, y zapatos, me sentía todo un fashionista. También se observaban como hombres se veían más femeninos que las mismas mujeres, mujeres modelando a mujeres más que a los mismos hombres, pues tu vez que se visten así o asao, pero es para impresionar a su amiga más que intentar atraer la mirada de un hombre. Luego, las arpías comienzan a buscar presa con la mirada, y en eso dio la hora de entrada.

Me sentía artista, pues hasta VIP entré y me sentaron. Luego, de otra corta espera, comenzó el show. Sin anuncio ni nada, cruzó la primera modelo la pasarela. Comenzaron los trajes raros, ropa linda, modelos caminando raro, serias y muy flacas. En primera fila, los alcahuetes y las doñas que critican el reggaetón por la exposición sexual de la mujer, pero aprueban que su nieta desfile en ropa interior frente a ese pequeño grupo de personas. Lleno de fotógrafos y camarógrafos, el desfile continuaba. Las pequeñas diseñadoras observaban cada pieza como yo observo un plano, hasta el mínimo detalle. Asumo que rompían la ropa en pedacitos, no de forma morbosa como lo haría uno de los “realtors” del principio, sino como artista, viendo como se construiría cada pedazo del traje o pieza de ropa vista. Mitad diseñando, mitad apreciando. Pues, dentro de todo, miraban que se pondrían y que no.

Las modelos seguían caminando por aquel pasillo, y los fotógrafos, no muy contentos pues no podían sacar fotos muy buenas, pues aquello parecía el maratón “San Blás” pues las modelitos casi corrían. Pero sin perder postura ni seriedad. El maquillaje era uno que iba a todo con la seriedad, parecían caras de luto, pero seguían su faena. Entonces, se terminó. Esperamos hora y media para que comenzara y no duró ni media hora el desfile. Luego se analizó cada pieza por las pequeñas diseñadoras, y que iba y que no iba.

Entonces, que hacemos, vamos o no vamos al “after party”. Esa era la pregunta, y nadie se atrevía a tomar la decisión. Pues cuando decidimos ir, llegamos hasta la entrada y veíamos la gente pasar, con estos aires de princesas y reinas. Las madres parecían carniceras, exponiendo a sus hijas en trajes como para que las compren. Luego de observar como entraban, salió la creadora de la moda, y preguntó por qué no entrábamos, y preguntó las edades como “bouncer” de discoteca, y dijo q menores de 21 no entraban. Pues a eso una de las pequeñas diseñadoras se quedó fuera.

Ya adentro, el ambiente cambió. Si antes era chic, ahora era peor. Tragos en copas de vidrio, mujeres en espera de que alguno le pague una bebida, hombres en busca de presas, féminas, féminos, hombres... todos en un mismo lugar, que no llega ni a los 1000 pies cuadrados, pero como era tan chic nos acomodábamos como si estuviéramos en un palacio. Fotógrafos en su faena, pero si no tomabas la cerveza en promoción, no eras importante para el mundo. Seguían las arpías en su búsqueda, los arpíos en la de ellos, otros hablando de cosas tan serias y de tanta envergadura para el mundo como lo era el color de pelo de algún artista, o tal vez, un dueño haciéndole promoción a su compañía para que la presa supiera que él posee dinero, un buen carro y la presa se pueda ir con él a su apartamento en Condado. A ver como la presa se queda sin ropa mientras él sigue diciendo estupideces que nunca cumplirá. Luego de un rato de ver como las miradas buscaban miradas, las bocas buscaban alcohol, nos fuimos. Bajamos al estacionamiento y allá el que cobraba se le ocurrió la magnífica idea de hacer un cuadre con una fila de como 7 personas, de las cuales un típico boricua gritó a toda boca que no iba a pagar por el tiempo que él se demorara cuadrando. Luego que pagamos, procedimos a irnos y concluyó el viaje por el mundo chic, no sin antes mencionar la frase célebre de ellas, “primero muerta que sencilla”. Ahí los dejo, con eso. Cuídense y que lo disfruten. Perdonen si alguien se ofende.

Original por: Jorge Díaz – viernes 21 de septiembre de 2007
Editado por: Gina Ortiz –

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